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  • Mariana de Petersen

Prematurez y Lactancia

Hoy me solicitaron que escriba mi historia de maternidad con mi última hija ¿porque es interesante la historia con ella? Es que nació muy pequeñita… Dejó de crecer y ganar peso desde el quinto mes de embarazo y gracias a Dios pudo quedarse adentro hasta que llegó a las 34 semanas. Pesó 2.6 libras. Sus pulmones y todo en su cuerpo estaba completo así que en nueve días los médicos estaban seguros de su estado saludable y me dejaron traerla a casa.


Ella nació por medio de una cesárea de emergencia ya que el latido de su corazón estaba haciéndose más y más débil. En la tarde de ese mismo día yo ya estaba sentada extrayendo mi leche con mis manos. Es cierto que solamente salían gotitas pero yo sabía que después de esas pocas gotas vendrían muchas gotas más y continué extrayéndome regularmente cada dos o tres horas. En nueve días llegué a producir mucho más leche que la que mi bebé podía tomarse así que mis hijos grandes se beneficiaron de la sobre producción.


Los primeros días una señora me donó su leche ya que en aquel entonces se creía que el medicamento que estaba tomando para bajar la presión estaba contraindicado con la lactancia. A partir del quinto día le empecé a dar ese oro líquido, empecé a enseñarle cómo succionar de mi pecho y aunque lo hacía de manera muy sutil, poco a poco fue aprendiendo.

Nunca perdió peso! Estoy convencida que lo que contribuyó además de la leche materna para su buen desarrollo, fue practicar el método madre canguro. Sí, la tenía pegada a mi cuerpo 24 horas al día,

al día, eso fue así durante 40 días, 40 días y 40 noches de tener su piel pegada la mía. La unión y el vínculo que se establecieron es algo realmente indescriptible. Un rato al día la cargaba su papá para que yo pudiera ducharme y hacer lo que tanto anhelaba, acostarme boca abajo, un placer muy personal.


Salimos del hospital alrededor de las 11 de la mañana después de nueve días en los que la habíamos estado alimentando por medio de una sonda. Venimos a la casa para hacerlo directo del pecho. Las horas pasaban y la espera para que despertara parecía interminable. Llegó a verme mi hermana y cuando me preguntó que cómo estaba, empecé a llorar pues tenía mucha preocupación que mi hija iba a morirse pues no tenía interés en comer. En ese momento clamamos a nuestro buen Dios y él permitió que se despertara y comiera.


Para mi sorpresa y la del médico también, en 40 días había duplicado su peso y ya no le interesaba más ser bebé canguro. Así que, con la ayuda de mi esposo, le pusimos ropa y seguimos teniéndola muy cerca de nuestro cuerpo porque eso es lo que nos surgía de manera muy natural. Seguí alimentándola directo de mi pecho sin darle ningún otro líquido por un poco más de seis meses hasta que empecé a darle alimentos sólidos y continué dándole pecho hasta que ella ya no lo quiso más, eso coincidió con su cumpleaños número tres.


Después de aquellos primeros nueve días en los que estuve extrayéndome la leche en un ritual casi religioso, no volví a extraerme más la leche y ella se alimentó directo de mi pecho cada vez que lo quería de día y de noche.


Deseo que mi experiencia te sirva para confiar que en ti está la habilidad nata de cuidar a tu pequeño hijo o hija y que no necesitas de un repertorio de técnicas ni reglas externas que te digan cómo hacerlo. Sigue tu intuición y busca la ayuda y guía de una líder de Liga de La Leche para recibir información y apoyo.


Mariana de Petersen

Líder Liga de La Leche Guatemala


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