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Creo en mi misma

La primera vez que fui a una reunión de la Liga de la Leche estaba embarazada y quería informarme al respecto. Había decido dar lactancia materna exclusiva a mi bebé. Me sentía segura y sabía que iba a poder. Cuando nació mi bebé me fue genial en el primer día, hasta me dijeron que pareciera que tenía años de experiencia amamantando. La segunda noche fue un caos, Adrián lloraba y lloraba, yo ya le había dado de mamar, pero seguía llorando, de la frustración pedí una pachita de fórmula. Mi bebé se la atragantó, se moría del hambre y yo en mi desesperación no pensé en ofrecerle pecho otra vez. La tercera noche, ya en casa fue lo mismo. Hablé con una líder y ella me ayudó a estar segura del proceso. Nunca más volví a dar fórmula (no que tenga algo malo, pero no quería). Sin embargo, los problemas continuaron, mal agarre, dolor en los pezones, perlas y ductos tapados. El principio fue doloroso, después ya sólo lidiaba con comentarios fuera de lugar y a veces con mordidas.


En la Liga de la Leche siempre encontré alguien que me escuchara, palabras de apoyo, sugerencias acertadas, hasta videos e imágenes de ejemplo. No importaba que fuera domingo, siempre había una repuesta y una palabra de ánimo. En mi segunda lactancia también tuve problemas de agarre al inicio, a pesar de mi “experiencia” necesité ayuda nuevamente. Y otra vez fui escuchada paciente y abiertamente. Muchas veces, el apoyo no fue sólo en cuanto a lactancia, si no también emocional y al final de cuentas creo que ese apoyo fue el más importante.

Yo aprendí cómo abordar los problemas, desde el agarre hasta las mordidas con mi primer hijo. Así tuve una lactancia más cómoda e informada. Además de seguridad en mí al escuchar los típicos comentarios de “ya para” o “tu leche ya no sirve” y así. Mi hijo pudo aprovechar todo el tiempo que quiso de nuestra lactancia y ahora con mi hija, una lactancia sin dolor. Y espero poder evitar los problemas de perlas y ductos tapados que tuve con mi primer hijo.


Me siento mucho mejor, más tranquila, segura de mi misma y lo mejor es que ya no lloro del dolor. Ni me aguanto el dolor cuando hay, me detengo y empiezo de nuevo para hacerlo bien. Pues creo en mi misma, incluso pude ayudar a unas amigas con su lactancia gracias a todo lo que he aprendido.


Estefanía Orantes Nájera



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