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"Ahora sé que la lactancia materna es para todos los bebés aún en situaciones difíciles"

Cuando un hijo nace diferente de lo que esperabas, amamantarlo y acunarlo en brazos te hace olvidar que es diferente, sólo lo alimentas y te gozas de verlo crecer en tu regazo.


Paulita mi primera hija, nació con síndrome de Down. Ahora tiene siete años y tomó lactancia por dos años y medio y la dejó cuando resulté embarazada de Camila.

Mi hija pequeña, Camila, tiene cuatro años con casi siete meses y hace más o menos un mes dejó por completo de pedirme pecho. Fue un proceso lento para que ella dejara su pechito, casi un año.


Comenzó tomando únicamente en las noches, para dormir y en ocasiones especiales como cuando íbamos donde el doctor y le ponían vacuna y para aliviar su dolor me decía: “mami quiero chu-chu.” Así me pedía pecho, usando esa frase.


Los últimos meses fueron complicados para mí, la verdad ya estaba cansada y había días que ya no quería darle.


Fue una experiencia preciosa, lograr dar lactancia a ambas, doy gracias a Dios por haberla podido vivir. Me llena de satisfacción haberlo podido hacer a pesar de mi trabajo tan demandante, sacándome leche hasta dos veces diarias en la oficina, llevando y trayendo todo el equipo, para que las bebas tuvieran su lechita en casa mientras mami trabajaba y abuelita las cuidaba.


Paulita recibió biberón en el hospital y me costó muchísimo que volviera a aceptar el pecho así que durante sus primeros días le estuve dando la lechita que me extraía con la técnica del vasito.

Cuando cumplió tres semanas logré que se prendiera del pecho, su lengua se manejaba de manera diferente así que lograrlo requirió mucha tenacidad. Lloré de frustración porque no quería/podría agarrar el pecho, todo porque en el hospital le dieron pacha al recién nacer... al escribir estas líneas llego a la conclusión que lloraba también porque había tenido una niña diferente y me costaba asimilarlo.


A Camila no le gustó la pacha, ella quería directo del pecho, entonces fue poco tiempo que me saqué leche con ella porque igual no se la tomaba en pacha. Tenía que salir corriendo del trabajo para la casa para que ella se prendiera y tomara su leche. Desde que yo regresaba en la tarde, tipo 5:00 pm, hasta la madrugada del siguiente día ella pasaba prendida de mí, como que supiera que yo me iba a las 7:00 am y regresaba a las 5:00 pm.


Muchas veces sentí un cansancio extremo y ganas de tirar la toalla, pero yo solita me daba ánimo pensando en que esto no iba a ser eterno, que en algún momento dejarían para siempre el pecho.

Fue cansado, le pedía a Dios que ambas aprendieran a dormirse sin el pecho y que durmieran de corrido toda la noche. Costó que eso sucediera con las dos. Experimenté el colecho, tema precioso. A la fecha seguimos durmiendo todos juntos, ellas felices y nosotros también.


Ahora tengo la convicción que cuando estén listas para dormir solas, seguro lo harán. El porteo, también que recurso tan maravilloso, las pude cargar prendidas de mi mientras se dejaron y yo tenía las manos libres para hacer otras cosas.


El apoyo, acompañamiento y amistad de Mariana, líder de LLLG, fue invaluable, ella siempre atendió mis llamadas telefónicas o respondía mis mensajes con cariño y así crecía en mi un sentimiento de confianza.


Durante este tiempo he tenido la oportunidad de apoyar a otras mamás con bebés con síndrome de Down, para que lograran dar lactancia a sus bebés.


Gracias a Dios, misión cumplida, más que orgullosa y feliz por haber podido darles ese regalo tan precioso a mis hijas.


Gracias por permitirme contar mi historia, ahora sé que la lactancia es para todos los bebés aún en situaciones difíciles y en momentos que parecían adversos a la práctica de la lactancia materna, lo logré y eso me llena de satisfacción.

Patricia Gálvez











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